El marketing anestesiante que aplica el oficialismo –bien hecho desde el punto de vista político– adormece a importantes segmentos de la población, que al final resultan ser lo más afectados de las tragedias que nos asechan y atacan.
El deterioro que sufre el espectro partidario debería ser causa de honda preocupación de todos los ciudadanos, interesados en la salud de la democracia, pues en medio de las escalofriantes desventuras surgen los caudillos, que se autoproclaman como salvadores del todo perdido.
Es así como en otras naciones han surgido los denominados gobiernos semitotalitarios, donde la cura terminó por ser peor que la enfermedad.
Todo acaecido por el afán del individualismo o por responder a intereses no ideológicos sino empresariales, teniendo siempre como norte el lucro personal y no el bienestar colectivo.
Lo que está en discusión actual no es la retención del poder, por parte del PLD o la llegada del PRM o el retorno de Leonel Fernández, es la supervivencia de República Dominicana como nación libre y soberana, prolongada su agonía fruto de la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, retrasando los planes llevados a cabo con participación de aquí y de allá.
El problema es que hay una marejada de dificultades que nos entretienen: la inseguridad ciudadana, el problema del tráfico ilegal de las drogas, las reyertas políticas, los desafortunados pronunciamientos de funcionarios del gobierno de turno, los contratiempos personales que nunca faltan, en fin un equipo completo programado para que olvidemos nuestra verdadera lucha: la soberanía.
Todo lo citado es parte de un muy bien orquestado plan para reducir la flama patriótica y encender la idea de que estamos en una patria de vivos y no de muertos (Duarte, Sánchez y Mella).
Que lo acontecido un 27 de febrero del 1844, fue un evento fortuito y sin trascendencia.
Para todo ello se ha intentado reducir real y mediáticamente todo argumento dirigido a defender la soberanía. Se ha atado de pies y manos a nuestros militares dejándoles dos opciones: hacer nada o tomar parte del pastel por el trasiego de ilegales.
Ojalá éstas ideas sirvan de consideración en tan importante momento en el que vivimos.
JPM


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