Lo extraño ha sido que ese tipo de periodismo inelegante fue inaugurado en la radio por uno de los comunicadores más culto de la prensa dominicana, que por su excelsa condición convirtió esa forma de expresión exitosa en una escuela que, como paradoja, ha servido de escalera para que la mediocridad alcance la cima.
En Estados Unidos, influencers del ámbito digital propagan un tipo de periodismo sostenido en noticias falsas o estrambóticas, denuestos, desinformación o campaña sucia, que convierten a muchos de esos exponentes en personajes muy populares, pero huérfanos de ética.
Aunque esa es una epidemia mediática que predomina en las redes sociales, su influjo ha penetrado en cadenas nacionales de radio y televisión, a tal grado que exponentes de ese género pernicioso han pasado desde el micrófono a dirigir la secretaria de guerra estadounidense.
En USA la mayoría de esos influencers que han invadido al periodismo sirven de punta de lanza de sectores políticos y empresariales ultraconservadores para en campañas mediáticas a favor de la guerra y de la de expulsión de inmigrantes, contra los programas de protección ambiental, de vacunación o de la seguridad social.
La sociedad gringa sufre de gran afectación ética por bombardeo de noticias falsas o de expresiones injuriosas o afrentosas que degradan la consideración personal de adversarios políticos o competidores empresariales, al punto que la audiencia se acomoda con tal o cual cadena de televisión, según sus preferencias ideológica.
Aquí prevalece un escenario relativamente similar, solo que no pocos exponentes consuetudinarios de expresiones soeces, difamatorias o afrentosas, ocultan una notable carencia de talento o capacidad profesional, aunque se admite que la mayoría ha sido exitosa con ese proceder, así sea en lo pecuniario.
Lo penoso de todo esto es que algunos de los mejores exponentes del buen periodismo ingresan al ejército de depredadores del idioma bajo el pretexto de “eso es lo que quiere la gente”, o en la falsa creencia de que participan de una auténtica revolución en la comunicación social.
Más de una docena de grupos mediáticos dominan el espectro nacional, en un ambiente de amplias libertades públicas, incluido libre expresión y difusión del pensamiento, pero, preocupa que la vulgaridad, siempre acompañada de la difamación e injuria, amplíen su radio de influencia en la radio, televisión y redes.
A lo que se aspira es a que el buen periodismo sobreviva a esa pandemia de degradación ética que hace tiempo se declaró en las redes, que ya contagia a periodistas y ejecutivos de medios de comunicación. Sospecho que aramos en el desierto.
JPM


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