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Los grandes imperios siempre tienen la misma cartilla y el mismo calificativo para con las naciones en sub-desarrollo. Nunca pasan de ser pueblos bananeros, naciones que huelen a ausencia de desarrrollo, donde hay que imponer la voluntad del capataz de turno.
La nota reciente del Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre la situación de emigración entre la República Dominicana y Haití es una muestra de cómo actúan los amos del mundo, cuando se trata de fijar su posición y bajar órdenes.
Es muestra de una injerencia intolerable en asuntos internos de los dominicanos. Es dar órdenes a un país y un gobierno soberano. La independencia de la República Dominicana se ha logrado en base a sacrificios, y no pueden ahora estar al capricho de burócratas norteamericanos.
Tiene la RD todo el derecho del mundo a fijar su política migratoria. De aceptar en su territorio a quien quiera, a los que cumplan con nuestras leyes y respeten nuestras tradiciones. Los haitianos, en su gran mayoría, están ilegales en el país, y hay derecho a la deportación.
En un mundo globalizado, puede el gobierno de los Estados Unidos fijar su posición sobre el particular y hasta ofrecer sugerencias, pero nunca dar órdenes y jalones de oreja. La intolerancia y el injerencismo no lo aceptamos los dominicanos.
Va a ser un siglo que se produjo la primera intervención militar de los Estados Unidos a nuestro país, y actuando dentro de las circunstancias, el fervor patriótico nunca disminuyó. Pasó lo mismo en el 1965. Siempre hemos defendido nuestro derecho al libre albedrío y a nuestra nacionalidad.
La República Dominicana no se puede aislar en el caso de la emigración haitiana. Tiene que buscar una solución bilateral, entre los dos países, sin poner una mancha a nuestra independencia. La emigración es un mal que afecta a dos, y por consiguiente la dicisión no puede ser solitaria.
Hay que mantener la presencia en los organismos internacionales, sobre todo las Naciones Unidas, y las instituciones de defensa de los derechos humanos. Es necesario comprender que Haití es el principal adquiriente de las mercancías dominicanas, y ese mercado se debe mantener.
Dos países que hacen frontera no pueden estar enemigos. Eso si, tienen que tener reglas de convivencia, de respeto mutuo, de mantener por separadas sus agendas nacionales, su cultura, su religiosidad, su forma de vida.
No a cualquier injerencia extranjera. El país se debe mantener en los foros internacionales, levantando bien en alto nuestra bandera.


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