El proyecto de nuevo Código Penal yace inerte en alguna gaveta del Congreso Nacional sin que siquiera le organicen un funeral o se oficie un responso por el fin de periplo en el purgatorio legislativo, donde lleva mucho más de veinte años en condición de “moriviví”, pero mas muerto que vivo.
Cada cierto tiempo, alquimistas congresuales resucitan ese cadáver y le ordenan deambular por comisiones y plenos legislativos con la encomienda de retornarlo a su cadalso porque ese código es un zombi, después que le extirparon el alma.
En su breve vida, ese proyecto exhibió 72 nuevos artículos que penalizan, entre otros ilícitos, el sicariato, feminicidio, bullyng, daños con ácido del diablo, sobornos públicos y judiciales, acoso, corrupción y violencia intrafamiliar, lo que actualizaba su contenido después de más de un siglo de vigencia en este valle de lágrimas.
También llevaba en su vientre la figura de la acumulación de penas hasta 60 años de prisión a la reincidencia, sicariato y feminicidio, así como sanciones más drásticas contra la prevaricación y el tráfico de influencia, pero al igual que los muertos en el cementerio, esa pieza legislativa duerme sueño eterno.
Ningún legislador se atreve a certificar la muerte de ese Código, aunque la mayoría lo cree cadáver, pero los muertos no sudan y ese presunto difunto todavía exhala agua bendita que le dieron a tomar obispos y pastores en cruento exorcismo para despojarlo del demonio de las tres causales.

La sepultura asignada al Código Penal parece descrito como morada de sus sepultureros en Mateo 23:27-39: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos muertos y de toda inmundicias”.
Tratado como difunto, ese proyecto ha sido velado indistintamente en ambas cámaras congresuales, paseado por iglesias, catedrales y exhibido ante escribas y fariseos mediáticos, sin que ningún mortal se percatara de que la criatura aun suda agua bendita.
El incremento y la diversidad de los tipos penales desbordan al vetusto Código Penal vigente, pero la inclusión de las tres causales por las cuales se aprobaría el aborto, decretó la muerte ha destiempo del nuevo estatuto, cuyo cuerpo reposa en una improvisada tumba congresual, cuyos sepultureros han sido muy bien descritos por el apóstol Mateo. ¿Puede resucitar un cadáver que no ha muerto?
jpm-am


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