En esta Semana Santa, tiempo de reflexión sobre la vida, el sufrimiento y la muerte, me surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿tenemos derecho a decidir cómo y cuándo morir?.
El debate no es lejano. En países como España, Colombia, Canadá y Países Bajos, la eutanasia o el suicidio asistido ya son legales bajo ciertas condiciones. Incluso en Estados Unidos, varios estados han dado ese paso. No se trata de una idea radical, sino de una conversación global que avanza mientras nosotros seguimos evitándola.
En la República Dominicana, la muerte sigue siendo un tema tabú. Se menciona en voz baja, se esquiva, se oculta. Pero la realidad es ineludible: todos vamos a morir. Y precisamente por eso, deberíamos poder hablar de ello con claridad.
Como decía Epicuro, «la muerte no es nada para nosotros». Sin embargo, esa idea filosófica contrasta con una verdad más cruda: muchas personas enfrentan el final de su vida en medio de dolores insoportables, enfermedades irreversibles y pérdida total de autonomía.
Eutanasia
Ahí comienza el verdadero dilema. La eutanasia y el suicidio asistido generan rechazo en algunos sectores, pero también creciente apoyo. No se trata de promover la muerte, sino de evitar el sufrimiento inútil cuando ya no hay esperanza médica.
Es, en esencia, una discusión sobre dignidad.

El escritor existencialista francés Jean-Paul Sartre afirmaba que el ser humano está condenado a ser libre. Esa libertad incluye decisiones difíciles, incluso aquellas relacionadas con el final de la vida.
En ese sentido, la opinión pública dominicana parece estar evolucionando. Según el Centro de Estudios Sociales y Demográficos (CESDEM), alrededor del 60% de los ciudadanos estaría a favor de legalizar la eutanasia.
Es un dato revelador: la sociedad va por delante del debate político.
Entonces, la pregunta no es si debemos hablar de esto, sino por qué seguimos posponiéndolo.
Defendemos la dignidad en muchos aspectos de la vida, pero la negamos en el momento más crítico. Morir con dignidad no es rendirse; es reconocer que la vida no siempre debe prolongarse a cualquier costo.
El filósofo español José Ortega y Gasset decía que la vida es la realidad radical, y la muerte la realidad última. Tal vez ha llegado el momento de aceptar ambas sin miedo.
Porque vivir con dignidad es fundamental. Pero morir con dignidad también debería serlo. ¿O no?.
jpm-am


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