Si en política se hace lo que conviene, cabría preguntarse al instante ¿a quién, al interés personal e inmediato del líder de una organización o al del partido y al del gran colectivo social del país?.
Ante el avance indiscutible del doctor Leonel Fernández, que lo perfilan temprano como el aspirante a vencer en las elecciones del 2028, se ha estado vendiendo últimamente la tesis de que en el venidero proceso pudiera darse una alianza contraria a lo que correspondería entre fuerzas opositoras, ejemplo Fuerza del Pueblo y PLD, privilegiando un eventual acuerdo PLD-PRM bajo el supuesto de que un triunfo del exgobernante terminaría liquidando al partido morado.

Tendría lógica, solo si partiéramos de una posición egoísta y muy individual, no de lo que en la realidad convendría al grueso de los peledeístas, nada distantes de Fernández y sí de la posibilidad de volver al poder por ahora con un candidato propio, que no tienen. Así las cosas, un Leonel en el ejercicio presidencial –si el sentido de institucionalidad y buen juicio se imponen a la mezquindad y el simplismo– sería garantía de tranquilidad y sosiego personal y familiar para el titular del PLD, Danilo Medina, y ni decir que para el presidente Luis Abinader.
Ninguno de los dos puede volver a aspirar y se entiende que, como líderes de sus respectivas parcelas políticas, hasta lo último alienten la idea de crecimiento partidario y de éxito de un candidato interno.
La historia reciente enseña que los liderazgos fuertes, cuando se enfrentan desde la negación y no desde la competencia sana y ética, tienden a fortalecerse más. Si el PLD no sería opción del 28, igual no sería de alta política que lo llevaran a una alianza que, lejos de rescatarlo, aumenten la estampida de su membresía hacia donde ven oportunidad y lleven la organización a colocarle la lápida final.
En el espectro político del país hay espacio para una multiplicidad partidaria, como la actual, por lo que es un cuento lo que el triunfo de Leonel o de quien sea represente la irradiación de nadie.
Medina, que no es ni será candidato, lo que necesita es una sombrilla y emblema partidarios para incidir, y eso lo puede conservar, al tiempo de negociar una cuota de poder con quien se perfile ganador. A partir de un cambio al cambio, asumir un rol natural de oposición crítica.
Las cosas lucen irse poniendo de un solo lado. Y empresarios claves y otros sectores de poder, con vista aguda, lo han estado viendo. Y así, no sería inteligente ir contra la corriente.
jpm-am


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