“La marcha verde se desploma”. Con ese titular publiqué un análisis político en las páginas de Listín, el 23 de noviembre del año pasado, en el que demostraba que la irracional radicalización anti gobierno, anti PLD y sus dirigentes, que desplegó un grupito que quiso acaparar y politizar con ideas anti sistema el movimiento social en ciernes, había llevado al abismo lo que debió ser una gran lucha social contra la corrupción y la impunidad en el país.
Los populistas de la política, en República Dominicana y la generalidad de Latinoamérica involucrados en el controvertido caso Odebrecht, han tratado de montarse en la ola anti corrupción para desplegar conspiraciones, anarquizar sociedades y derrocar gobiernos, como ocurrió en Brasil y en Guatemala, sin importar los estados entren en crisis económicas y sociales por sus irracionales aberraciones anti todo. Ha quedado más que demostrado que la lucha contra la corrupción no debe afectar la actividad económica de una nación sino, por el contrario, sanearla. A los políticos y conspiradores esto poco les preocupa.
Lo saben bien políticos, como el presidente Pedro Pablo Kuczynski, de Perú, o Lenín Moreno, de Ecuador, cuyas vendettas contra los contrarios han sumido sus sociedades en problemas económicos y sociales por la politización de la lucha contra la corrupción. Colombia y México siguen la misma línea, mientras naciones como Estados Unidos, que tiene mucha experiencia en estos casos, han desarrollado políticas donde se castiga penalmente a ejecutivos e imponen multas a empresas que colaboran con la justicia, pero garantizando siempre que las inversiones no se vayan por el sumidero, como los casos Siemens, Rolls Royce, Haliburton, Odebrecht, entre otras.
Panamá y República Dominicana han seguido la ruta trazada por Estados Unidos, con acuerdos que buscan la preservación de las actividades económicas, mientras la justicia realiza su labor con la persecución y juicio de los imputados en acciones de corrupción.
República Dominicana ha aprovechado el tema Odebrecht para fortalecer sus leyes y reglamentos anti corrupción -como la ley de lavado- pese a que el grupito de bullangueros anti sistema prefiere los paredones frente al Altar de la Patria para materializar los paredones morales que aplican a diario, en el desahogo de sus frustraciones.
La sociedad, la autoridad, no les ha comprado el grito de ‘tierra arrasada’ de los que politizando la lucha contra la corrupción no hacen más que pervertirla, intentando crear una crisis social con una desestabilización de la economía, dejando a medio talle las inversiones y proyectos que son, a fin de cuentas, un verdadero patrimonio nacional.


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