La inquina contra occidente de parte de los regímenes totalitarios que predominan en gran parte de Oriente, Oriente medio, lejano Oriente y en Eurasia, se debe al gran atractivo que representan para los ciudadanos oprimidos de esas latitudes, las libertades individuales, el respeto a los derechos humanos y al estado de derecho que caracterizan y son fundamentales para las sociedades libres y democráticas occidentales.
Es lógico entonces que esos regímenes arbitrarios y perennes violadores de los derechos de sus ciudadanos, detesten las formas de gobiernos que disfrutamos en occidente, la que defenderemos hasta la muerte, por lo que daremos nuestras vidas enfrentando cualquier amenaza de parte de esos tiranos del medioevo.
Ese odio visceral es el que se manifiesta en el discurso neofascista del dictador sanguinario que desgobierna al domesticado pueblo ruso, cuando amenaza y agrede ferozmente a Occidente, en esta oportunidad por medio de su brutal invasión a la pacífica pero indomable Ucrania, solo porque, según alega el dictador de Moscú, esta quiere pertenecer soberanamente a la Unión Europea y a la Organización del tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Es por eso que resulta paradójico y fuera de la lógica que gobiernos, así como individuos que gobiernan o viven en países del lado occidental, estén apoyando a esas malignas y perversas tiranías que detestan y odian a nuestras naciones, nuestras costumbres y nuestras sociedades.
Es altamente condenable que líderes occidentales, entre ellos ultraizquierdistas y ultraderechistas, coincidan con los gobiernos que oprimen a esos pueblos que habitan bajo el terror de esas tiranías criminales, asesinas, corruptas y perversas.
Es reprochable que Silvio Berlusconi, quien fuera primer ministro de Italia, una de las mayores democracias de Europa, sea cómplice de Putin en su repudiada agresión contra Ucrania y para colmo culpe a Bolodymir Zelenski, siendo este último la víctima, de este ser el responsable de la incursión genocida de parte de las tropas rusas en Ucrania. Incluso confesó que Putin lo tiene a él entre sus 5 mejores amigos, el primero.
También es una pena que el autoritario ultraconservador Viktor Orbán, primer ministro del reino de Hungría, país perteneciente a la Unión Europea y a la Organización del Atlántico Norte, OTAN, sea un aliado solapado del nuevo zar ruso, Vladimir Putin, al oponerse a algunas iniciativas europeas que favorecen a Ucrania, ayudando de esa manera a la agenda agresora del tirano ruso.
Pero lo más lamentable es que también en la mayor democracia del mundo, Estados Unidos de Norte América, estos líderes neo fascistas anti occidentales tienen sus admiradores, el principal de ellos: Donald Trump.
jpm-am


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