La historia de Juan Rincón aparece magistralmente relatada por César Nicolás Penson (1855 – 1901) en “La muerte del padre Canales”, una de las diez tradiciones que conforman su obra cumbre: “Cosas Añejas” (1891)
Don Juan Rincón, a quien el narrador describe como “ un ente raro”, “un monstruo” que “acaso padeció lo que llama manía de sangre” y cuyo origen arrancaba “de familias muy distinguidas, las primeras de esta capital…”, asesinó a su primera esposa encinta. “Esta primera hazaña – continúa el narrador – quedó impune, merced acaso a lo distinguido de su familia y a las influencias que hizo o no hizo valer en su favor su tío el Deán…” (1979, pág.58)
Huyó a Puerto Rico y allí contrajo nupcias por segunda vez. Con la nueva esposa, una noche, sostuvo una discusión y la amenazó con hacerle lo mismo que a la primera. La mujer procedió “a denunciar al lobo”. Las autoridades boricuas entran en acción y Juan Rincón es apresado y despachado a su patria; pero al llegar aquí, lo dejaron libre, “¿cómo no?, por respeto de su tío el Deán”. Y una vez aquí, preparó una lista con los nombres de las personas que habría de asesina en el futuro, encabezada por el padre Juan José Canales.
El crimen contra el sacerdote se consuma y Rincón, por fin, es sometido a la justicia. Cuando el Juez del Crimen le pregunta al prevenido: ¿quién mató al padre Canales?, su respuesta no se hizo esperar: «-¡La justicia de Santo Domingo! Porque si cuando yo maté a mi primera esposa embarazada me hubieran quitado la vida, no habría podido matar al Padre Canales» (pág.66) Y merced a esta respuesta impactante, reflexiona acto seguido el narrador:
«Jamás inculpación más grave ni más sangrienta se arrojó a la faz de los hombres de la ley. Era un cargo que contra sí Rincón hacía, pero con el fin de apostrofar a la justicia humana por su culpable lenidad dejando impune un crimen atroz por atender a mezquinas consideraciones sociales y a influencias malsanas de valedores poderosos, que lograron hacer irrisoriamente nula la acción de la ley. ¡Lección tremenda para quienes pierden el respeto a esta y a la sociedad, vulnerando los fueros de la una y burlando a la otra para burlar a entrambas, haciéndose realmente con semejante lenidad más criminales que el criminal que pretenden sustraer a la acción reparadora de la justicia!»
En pocas palabras, ese es el contenido profundo del famoso relato de nuestro afamado tradicionalista y fundador del primer diario dominicana. Al leerlo, podemos apreciar que la justicia dominicana siempre ha sido la misma: la piedra angular o el poderoso brazo que soporta el régimen de impunidad que tanto se combate actualmente en nuestro país.
JPM


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