El tema de la calidad de la democracia está vinculado a procesos electorales transparentes y confiables. En países donde se realzan procesos electorales fraudulentos, esto se traduce en un indicador negativo en la valoración de su democracia.
En República Dominicana, los procesos electorales se han caracterizados por ser tachados de poco transparentes o de fraudulentos. En ese sentido, uno de los obstáculos para llevar a cabo procesos electorales confiables en nuestro país es, en muchos casos, la mala escogencia de los árbitros encargados de dirigir tales procesos.
La llamada politización en la escogencia de los funcionarios encargados de administrar las elecciones, constituye la causa principal de que las mismas sean atacadas por los defectos anteriormente descritos. En efecto, de acuerdo con el politólogo Fabrice Lehoucq, para que un fraude se cometa deben perpetrarse varias anomalías, desde las violaciones de procedimiento a la ley electoral, hasta el abierto uso de la violencia en contra de los votantes.
Casi todas las Juntas Centrales Electorales que hemos visto en nuestra etapa democrática, han sufrido de manipulación política por los que detentan el poder del Estado. Los grados de manipulación política varían dependiendo de la selección de los funcionarios electorales y de las circunstancias en que se celebran las votaciones.
Recientemente se efectuaron primarias en el PLD y el PRM. En las primarias peledeístas, al respecto, se produjo un virtual empate entre los precandidatos en disputa por la candidatura presidencial del partido de gobierno, y uno de ellos alega que fue víctima de un fraude colosal. En relación con ello, los observadores internacionales y nacionales informaron de muchas anomalías e irregularidades en el desarrollo de las actividades comiciales mencionadas.
La parte afectada, es decir la que encabeza el expresidente Leonel Fernández, acusó a la JCE de no acceder a la solicitud de revisión de los equipos electrónicos usados en las primarias en cuestión. Sin embargo, es elevada la percepción de la gente respecto al llamado fraude del cual responsabilizan al gobierno que preside Danilo Medina, con el propósito de imponer la candidatura de su exministro Gonzalo Castillo.
Una vez más el fantasma del fraude se asoma en el proceso electoral dominicano, restándole credibilidad a la competencia eleccionaria, lo cual afecta la calidad de la democracia en cualquier parte. Es que no es suficiente que el órgano electoral diga que las elecciones han sido transparentes, si sobre éste recae la duda de que de nuevo fue manipulado políticamente por el poder del Estado.
Por último, el comportamiento asumido por el presidente de la JCE, Julio César Castaños Guzmán, antes y después de las primarias en cuestión, son elementos que dan base para la incredulidad y la sospecha de que la historia de los fraudes electorales todavía no ha terminado en República Dominicana.


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