El proyecto revolucionario que promovió el profesor Juan Bosch al momento de formar el Partido de la Liberacion Dominicana (PLD), está agotado pero los mecanismos de supervivencia y egocentrismo permanecen en los ideales de los que han quedado como gestores de dicha organización politica.
Cuando se constituyó este proyecto, don Juan pensó que el ferrocarril por donde se dirigiría el tren no dejaría huellas insolubles, sin embargo, casi veinte años de gobierno insostenible han descarrilado el motor de la economia y lo han convertido en un desastre administrativo que cavila en la ideología de una estructura con pensamientos nocivos a la supervivencia.
La nación dominicana divaga en el umbral de lo inoportuno y desde la superficialidad hasta el fanatismo sigue siendo ejemplo de lo que comienza y no se termina, un castigo del que somos objeto ante la castidad de Dios que escucha el sentir de la gente, pero a veces no puede con la yunta de bueyes que festina la rastra.
Carecemos como país de un proceso de definición donde la vulgaridad, el oportunismo, la insensibilidad, el troglodismo político y el apoderamiento de los bienes públicos es la metástasis que hemos vivido mediante un trajinar que mantiene la constancia ilegítima para siempre mantenernos en el subdesarrolo.
A lo largo de la historia ese llegar último o primero para no estar nunca a tiempo, no es siquiera la negación de la negación. El discurso afirmativo de que todo está bien y nada está mal en Rapublica Dominicana, es una afirmación a medias, que resbala y se cae pero no logra levantarse porque de la economía metafórica que sustenta al país solo se benefician los prolegómenos que bordean las lides del gobierno propiedad de Danilo Medina y el PLD.
Con eso estamos claros; y así lo puso en el parco político el Departamento de estado de los Estados Unidos, al acusar al gobierno dominicano de ser artífice de la corrupción administrativa, cómplice del narcotrafico organizado y violador de las Leyes, las libertades públicas y los derechos humanos, además de manipular la Junta Central Electoral, para mantenerse en el poder y manejar a su antojo la justicia a los fines de garantizar la impunidad.
Sí, el sueño político de Juan Bosch se agotó. Sus sucesores lo tiraron al charco y lo convirtieron en un PUS putrefacto como los que hoy día gobiernan la República Dominicana.
La sinfonía del discurso de los ministros y funcionarios se agota, como también se agota la paciencia del ciudadano que reclama un cambio del sistema donde todos tengan los mismos derechos. Sin embargo, la propuesta de remedios para curar al país parece más una burla que una solución posible.
El sucesor de Danilo Medina debe embargar su estrategia de gobierno hacia un proceso de cambio actualizado, a través de una reforma del sistema que avance a corto y mediano plazo. Es un reto.
«La mentira se visualiza en los ojos y surte efecto en el movimiento del rostro». Debemos predicar siempre la con verdad, creer en los sueños, no claudicar aunque otros insten a ello y defender con valentía nuestros puntos de vista.
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