POR RAMFIS RAFAEL PEÑA NINA
Recuerdo que, en mi adolescencia, el presidente Balaguer no estuvo de acuerdo con el proyecto Puerta de Hierro, porque se visualizaba la conformación de un gueto chino, algo inaceptable desde su visión estratégica e inteligente como estadista.
Podríamos tener muchas diferencias ideológicas con el Dr. Balaguer, pero, de igual manera, admiración por otras tantas y acertadas acciones, como su firme y decidida posición nacionalista, cualidad fundamental de un buen gobernante.
Los guetos no siempre son positivos, lo hemos visto en casi todo el mundo y sus consecuencias: Alemania y los judíos, toda Europa y los musulmanes, los judíos y europeos en nuestro país durante la época de Trujillo. Estos últimos fueron de mucho beneficio para nuestro país: españoles, japoneses, libaneses, sirios, palestinos. Aun con su gran presencia en diversas partes del mundo, lograron integrarse positivamente a las sociedades que los acogieron.

Haití
En cambio, el enorme contraste con nuestros vecinos haitianos es alarmante. Actúan de manera primitiva, llenos de récord, odio y envidia, acechando a la espera para la puñalada. En una ocasión, el general Guzmán Fermín logró sacarlos, pero luego volvieron a entrar y establecerse nuevamente en la zona, retomando sus mismas prácticas.
Para evitar que esta situación continúe agravándose, no basta con embellecer la zona o hacer pequeñas intervenciones. Es fundamental construir edificaciones de viviendas dignas para los dominicanos y así cerrar toda posibilidad de repoblamiento haitiano en esas áreas estratégicas.
Esto no solo garantizaría un entorno seguro y controlado, sino que también promovería el desarrollo ordenado y sostenible de la comunidad, protegiendo nuestra soberanía.
Sr. Presidente, la solución no debe ser esperar levantamientos pandilleros para reaccionar. La solución es desmantelar ese y cualquier otro gueto que solo aporte malas conductas, típicas de su mentalidad primitiva, ya conocida mundialmente. Permitir este accionar no hace más que engrandecer su primitivismo, el cual practican inhumanamente hasta con su propia gente.
Los mensajes ambivalentes, que están sujetos a interpretación de cada quien, son muy peligrosos. Cuando el Presidente dijo que en Friusa todo estaba normal, vimos cómo reaccionaron: un cierre en la Máximo Gómez por los vendedores informales haitianos. Donde hay construcción, los vecinos tenemos el temor de que pueda explotar de repente una trifulca con consecuencias impredecibles.
Olfato y mucha sensibilidad, Sr. Presidente. Ponga oídos en el clamor de su pueblo.
jpm-am


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