Con la nostalgia de los tiempos idos, recuerdo mis años de estudios de la secundaria, en la que recitábamos de memoria descripciones y conceptos, propios de la metodología aplicada para entonces.
Josefina Passadori, autora de un manual de Geografía que conformaba la curricula de esa época, aderezaba sus descripciones con su sensibilidad de poeta de altos vuelos, y hoy, más de cuarenta años después, recuerdo la definición que en sus paginas nos brindaba del infinito espacio sideral: ¡”Que lastima, este cielo que vemos, no es cielo, ni es azul”!.
Debo confesar, que en mi ego de presumido “intelectual”, deseché por algún tiempo, la literatura encasillada como de auto-ayuda o crecimiento personal, y fue por esto que tal vez, estuve un encuentro tardío con el “Hombre mediocre” de José Ingenieros, o con Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, y me vi obligado en aquellos momentos de apretar el paso y devorar con avidez y sin demora “Ilusiones”, “Ningún lugar está lejos” entre otros, de este laureado escritor y aviador estadounidense.
Hace algún tiempo, hice conciencia, que después de haber crecido físicamente de peso y estatura, lo más importante es el crecimiento espiritual, lo cual hemos cultivado acercándonos al señor, por medio de su palabra, poniendo en práctica su obra.
El pasado mes de Julio, cuando OLAS, la entidad que dirijo en la ciudad de Orlando, celebraba la Sexta edición de la Feria Internacional del Libro Dominico-Hispano, y en cuyo marco el “Ministerio Redimidos por la Fe”, creado como recurso para propagar los principio de la fe en Cristo, bajo la orientación de Fátima Guzmán, mi esposa, celebramos un seminario sobre las causas y consecuencias de la violencia de género y el crimen pasional, fue en ese espacio que un amigo escritor, me recomendó leer el libro convertido en un best seller, “El cielo es real” de la autoría de Eben Alexander.
Alexander, es un prestigioso neurocirujano estadounidense, profesor de la escuela de medicina de Harvard, a quien una infección bacteriana, le afectó gravemente su cerebro, provocándole transitar por un coma profundo por más de siete días, y en cuyo estado vivió una experiencia, en la que afirma haber viajado al más allá, y que nos relata en su libro, con lujos de detalles.
Desde entonces, tenía pendiente esta lectura. En estos días de asueto pascual, lo he leído, y debo confesarles que es un relato maravilloso, contado por un científico, y profesional de prestigio, que a mi juicio lo hacen acreedor de la sobrada solvencia, para dar crédito a la experiencia que nos comparte.
Como cada año, para esta fecha, he compartido sugerencias, las cuales estimo propia del espíritu de la navidad.
Si no has tenido la oportunidad de leer “El cielo es real”, es un tiempo perfecto para ello, y de proporcionárselo a un amigo como un presente navideño. Vale la pena! Contrario a la poética de Passadori, podemos inferir, que el Cielo es azul, y un lugar de paz espiritual. Feliz Navidad y venturoso y próspero año nuevo.


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