Por NELSON LUCIANO
El arreglo de los 15 puntos pactado y rubricado entre el comité político del Partido de la Liberación Dominicana, el ex Presidente Fernández y el Presidente Danilo Medina, puso fin por el momento al tranque suscitado por el proyecto reeleccionista que persigue colocar al Presidente Medina 4 años más en la Dirección del Estado Dominicano.
Este acuerdo considerado por algunos como brillante y exitoso por llevar a un entendido las dos tendencias en conflicto y de paso evitar la posible división del partido en el poder, ha sido para otros -entre los que yo me incluyo- un acuerdo oportunista, sesgado y antidemocrático, por lo que gravitará de manera negativa en todos los aspectos de la vida nacional.
Su sesgo se fundamenta en modificar la constitución para beneficio de un partido sin incluir una sola propuesta para la solución de uno de los tantos problemas que vive la sociedad dominicana.
Su oportunismo radica en la manera descarada de repartirse el pastel del presupuesto nacional representado por las posiciones y control de las instituciones, como si el país fuera propiedad de un partido y relegando el interés nacional a un último plano.
Su carácter antidemocrático se manifiesta en la implementación de la fórmula, reelección por reelección, serrándole el paso a las bases de su partido, negándole el derecho de elegir y ser elegido para posiciones congresuales, municipales y regidurías, abonando el camino del resentimiento y la inquina que los lleve a las deserciones y división definitiva.
En este partido la semilla de la discordia está sembrada por la ambición desmesurada de sus dos líderes principales por el control de las estructuras del partido, del Estado y sus instituciones, por lo que esta crisis se prolonga y con el agravante de que el PLD de hoy no es el Partido de ayer, de los cuadros, estatutos, y métodos de trabajo que fueron engavetados para dar paso al populismo y el clientelismo.
El otrora partido disciplinado y organizado está como un barco a la deriva con la dirección torcida, timoneado por dos capitanes de perfiles diferentes en la forma, pero iguales en el fondo (incoherentes, falto de carácter, poco auténticos y huérfano de moral y ética), uno política y moralmente desprestigiado y el otro en el mismo camino por haberle mentido a la población con su proyecto de reelección.
El arreglo para la posible reelección, en su seno engendra la unificación de lo peor de la clase política de la nación, integrada por partiditos y entelequias donde abundan trepadores, arribistas, traidores y trujillistas.
En el Partido de la Liberación Dominicana la discordia seguirá para bien de la sociedad, que no quiere seguir en esta suciedad, y que aspira a vivir con principio y dignidad.


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