Les gusta llamarnos héroes. Nos mencionan en los discursos, nos aplauden en diciembre cuando llegamos cargados de maletas y nos cuentan con orgullo cuando el Banco Central publica las remesas. Somos más de tres millones. Sostenemos con nuestro trabajo a casi un tercio de los hogares de la República Dominicana. Y, sin embargo, en la práctica institucional dominicana seguimos siendo tratados como ciudadanos de segunda.
El dominicano en el exterior es un dominicano a medias para el Estado. Bueno para enviar, pero no para decidir. Bueno para mantener, pero no para participar. Esa es la contradicción más dolorosa de nuestra democracia.
EL SOSTÉN ECONÓMICO QUE NO SE REFLEJA EN DERECHOS
En 2024 y 2025, las remesas superaron los 11 mil millones de dólares anuales. Más que el turismo en muchos meses, más que cualquier inversión extranjera directa, más que toda la ayuda internacional junta. Cada dólar que llega es una medicina que el hospital público no dio, una universidad que el Estado no pagó, un techo que el gobierno no construyó.
El dominicano de Nueva York, de Madrid, de Boston, de Lawrence, de Paterson, de San Juan, trabaja doble turno, limpia oficinas, maneja camiones, cuida ancianos, para que su familia aquí no pase hambre. Y lo hace mientras paga impuestos en un país que no es el suyo y mantiene a otro que lo ignora.
¿Qué nos devuelve el Estado dominicano? Consulados caros e ineficientes, servicios consulares que son los más costosos de América Latina, una Junta Central Electoral que los ve con desconfianza, partidos que solo los buscan cada cuatro años y un Congreso que nos dio curules como si fueran una limosna folclórica.
Nos dieron el voto, sí. Pero un voto recortado, lejano, casi simbólico. No podemos votar por un alcalde, por un regidor, por un senador. No podemos incidir en la comunidad que mantenemos. Nos permiten votar por el presidente, como si el presidente fuera una figura abstracta y no el administrador de un país que financiamos.
UNA REPRESENTACIÓN DE CARTÓN
Los siete diputados de ultramar son la mejor prueba del engaño. Siete curules para más del 15% de la población dominicana de origen. Siete voces ahogadas en un hemiciclo de 190 diputados, sin presupuesto, sin equipo, sin poder real de fiscalización y atados a cúpulas partidarias que los colocan en las listas por lealtad, no por representación.
El dominicano de ultramar no eligió ese modelo. Nos lo impusieron. Nunca se nos preguntó cómo queríamos ser representados. Nunca se hizo un pacto serio para crear una verdadera circunscripción del exterior con autonomía, con capacidad de incidir en la Ley de Presupuesto, en la política consular, en la protección de sus derechos laborales.

Peor aún, nos han convertido en botín electoral. Cada cuatro años, los partidos alquilan locales en Queens, hacen caravanas en El Bronx, reparten gorras en Washington Heights, prometen consulados eficientes, casas para el retorno y seguros de salud. Pasan las elecciones y todo sigue igual: el pasaporte más caro, la carta de ruta más cara, la legalización más cara, la cita que nunca aparece.
LA HUMILLACIÓN CONSULAR
Ningún dominicano de clase media en República Dominicana pagaría lo que paga un dominicano en el exterior por un documento. Un pasaporte dominicano en Nueva York cuesta casi el doble que en Santo Domingo, y tarda más. Un poder notarial, una transcripción de acta, una doble ciudadanía para nuestros hijos se convierte en un vía crucis de burocracia, de funcionarios nombrados por cuota política y no por mérito.
Han llenado el servicio exterior de sus compañeros de partido, no de servidores del ciudadano. El consulado, que debería ser la casa del dominicano ausente, se ha convertido muchas veces en un local partidario. Y eso lo sabe el que ha madrugado en una fila en el consulado de Nueva York o en el de Madrid.
Mientras tanto, el Estado dominicano no tiene una política real de protección legal para su diáspora. Cuando un dominicano es desalojado en Nueva Jersey, cuando es detenido injustamente, cuando muere y su familia no puede repatriar el cuerpo porque cuesta 4,000 dólares, el Estado no aparece. Aparece la colecta entre amigos. Aparece la iglesia. Aparece el GoFundMe.
EL RETORNO SIN HONOR
Y qué decir del que decide volver. El dominicano que regresa después de 20 o 30 años de trabajo no encuentra una ventanilla única, no encuentra un programa de reinserción, no encuentra un reconocimiento a su aporte. Encuentra aduanas que le cobran como si fuera un contrabandista por las pocas cosas que lleva, un sistema de salud que no lo reconoce, una banca que no le cree su historial crediticio, y un barrio que lo ve como el “rico” que viene de fuera.
Nos piden invirtamos, pero no nos dan seguridad jurídica. Nos piden que creamos, pero nunca nos dan participación.
NO SON REMESAS, SON PERSONAS
El problema es de concepto. El Estado dominicano ve al dominicano en el exterior como una fuente de divisas, no como un ciudadano. Lo ve como remesa, no como persona. Y mientras nos siga viendo así, seguiremos construyendo una democracia incompleta.
Una verdadera reforma debe comenzar por reconocer tres verdades incómodas:
Primero, la diáspora no es un apéndice, es parte del centro de la nación. República Dominicana no es solo la isla de 48 mil kilómetros cuadrados. Es una nación transnacional que vive en dos o tres territorios a la vez.
Segundo, la ciudadanía no puede ser territorial. Si te obligo a mantener económicamente a tu familia aquí, a pagar por los servicios del Estado allá, debo darte los mismos derechos que al que vive aquí.
Tercero, la representación actual es un fraude. Necesitamos una Ley de la Diáspora, un estatuto real que garantice servicios consulares de carrera, voto para elegir a nuestros propios senadores, participación en el Consejo Nacional de la Magistratura, protección legal efectiva y un fondo de retorno digno.
Los dominicanos en el exterior no queremos lástima. No queremos que nos digan héroes una vez al año. Queremos ser lo que nunca nos han permitido ser del todo: dominicanos completos, con los mismos derechos, las mismas oportunidades y la misma dignidad que cualquier otro ciudadano.
Hasta que eso no ocurra, República Dominicana seguirá siendo un país que expulsa a sus hijos y luego les cobra por extrañarlo.


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Dejaste de eso, yo no me siento ser ciudadano de segunda ni de EU ni mucho menos de RD. Lo que dices suena como un ataque politico y no como defensa al dominicano en el exterior. El pretender que viviendo en el extranjero el gobierno tiene la obligación de protegerlo es ignorancia, en ese caso no salgan del país donde el gobierno tiene jurisdicción. Vivan en sus nuevo país como ciudadanos ejemplares y supérense aprovechando las oportunidades.
Mi recomendación es que aconsejes al joven que vive ahi, a superarse, educarse, y a profesionalizarse, lo mismo para el joven que crece en el país. El dinero que tu envías, no llega al buzón privado del gobierno, le llega a gentes y negocios escogidos por ti, e indirectamente beneficia al país, porque el dinero circula, como todo peso dominicano. Alguien le metió a ustedes en la cabeza que ustedes son los que sustentan la nación, despiértate de esa, eso ayuda a familiares y tus negocios, en la economía es solo un número, nada mas.
No sabes nada de economía circular ni que todo tiene impuestos q van a tu gobierno para pagar tu salario de bocina
Es verdad que hay gente que escriben correctamente; pero se ponen a opinar sobre cuestiones que no entienden. Este es un caso. Usted no puede entender que sin el dinero que entra vía remesa no habría estabilidad económica en el país; de lo cual se benefician no solo los familiares que la reciben. También se beneficia usted, que probablemente pertenece a la clase media que vive del estado dominicano.
No creo que viviendo profesionalmente en EU, y ganando mas que un ministro de RD sea tan descarado como para vivir del estado, y lo digo humildemente. Mi punto es, que no importa quien gobierne el problema continuará, pasó aun peor con los gobiernos pasados, donde los consulados eran botines para los cónsules. Hoy eso ya no existe, porque el manejo de dinero en efectivo, como antes, fue eliminado, y las tarifas son ahora reguladas desde la cancillería, el cual seria el único culpable de su mal uso.
Para quejarse de la baja calidad del servicio en los consulados, no creo que caerle a patadas a quien gobierne sea lo correcto, la política debe quedar fuera y en vez, se debe hacer énfasis en el punto que origina la queja, de lo contrario la politiquería toma precedente sobre las faltas mencionadas.
Ademas, el gobierno le ha facilitado ventajas sobre ahorro, la compra de su casa, aun le cubren gastos de transporte fúnebre, le han puesto oficinas de la JCE en la mayoría de las ciudades donde hay buena presencia de dominicanos, nada de eso existía antes, por eso cuando se quejen deben hacerlo reconociendo también los avances. Un padre que nunca reconozca lo bueno que su hijo haga, y solo le resalte lo malo, pierde el respeto de su hijo.
Debo corregir lo que escribí. Puedo ver que entiende bien sobre lo que escribe. Quizás debiera decir de usted, a partir de sus propias palabras, que, por su condición social en Estados unidos, más bien la de un expatriado de clase media, que la de un migrante económico, como la mayor parte de los dominicanos en este país, usted probablemente no puede entender la inconformidad de esta comunidad no solo con el gobierno dominicano, sino con toda una sociedad que la aprovecha al tiempo que la desprecia.
Muy buen artículo amigo. Estamos desarrollando un plan para exigir derechos y muerte trato y no ser engañados y atracados en diferentes formas cuando visitamos el pais.trataremos de contactar a los líderes y trabajar co la comunidad. Esta bueno ya de mal trato y odio a lo que mayores contribuyendo a la estabilidad económica del país..
WOW! Amigo, usted tiene bastante quejas, diga los remedios. La razón de todas esas quejas, es porque ustedes quieren vivir en otro pais pero sin integrarse a el, creen que todavía dependen de los politicos dominicanos, para todo. Acostumbresen a depender de la justicia en donde viven, si la violan no se quejen, ustedes son responsables de sus actos. se quejan del gobierno como si todavía estuvieran bajo su amparo.
Tengo cincuenta años fuera del país, y lo último que haría seria culpar al gobierno dominicano de lo que me pase donde vivo, tiene eso sentido? Ustedes creen que por enviar remesas deben tratarlos como dioses, recuerden que las remesas no son para el gobierno, son para tus familiares y amigos, y hasta quizás para prestarle a otros. Si violan la ley donde residen, no esperen ayuda del gobierno dominicano para eso, sean responsables y vivan como residentes pacíficos, integrados a la nueva sociedad, no quieran imponer sus cultura, integresen a la del pais donde viven, para que sean bienvenidos.
Pero los culpables de tu actitud son los mismos politicos, que cuando estan en la oposición le meten a ustedes por la cabeza de que los tienen abandonados y de que deben reclamar mas, sin pensar que luego esa cizaña que han **** retornara a comerle el trasero, cuando sean ellos los que gobiernen. Lo que el dominicano debe hacer es trabajar honestamente, y el joven terminar sus estudios, y ser triunfante en su nueva sociedad, dejen de culpar a gobiernos, en vez, traten de superarse como hacemos muchos, así no tendrán que estar quejándose de nadie.
No podemos culpar a nadie de nuestro destino,pero si debemos reclamar mas respeto al dominican ausente,porque pagamos los vuelos mas costoso del caribe,impuestos para entrar a nuestro propio pais,nos roban articulos de las maletas que llevamos para nosotros y familia, los negocios que hacemos nos roban y nunca vemos justicia ni dinero,son tantas las quejas que se hace dificil nombrarlas todas.
Tienes razón, pero eso es diferente a las exigencias del escritor del articulo, quien culpa al gobierno aun de los problemas en que el dominicano se mete en el exterior, exigiendo defensa del gobierno. Una vez salimos del país, también lo hacemos de su amparo, al menos que emergencia internacional lo ameriten, como pérdida del pasaporte. Pedirle al gobierno que interfiera por los detenidos por violar la ley donde residen, seria apoyar criminales. Violación de leyes es un crimen.
Y los 7 diputados exterior calladitos, veremos en el 28 que promesas harán????
Las 7 botellas que el pais tiene en el exterior
Y los bo-rre-gos volverán a votar por ellos… Ya lo verás…
Eres la voz que clama en el desierto…
Los domijicanos residentes en el exterior forman lo que podría ser llanada la alcancía de la Repùblica Dominicana.