Al diálogo hay que insuflarle nueva vida. Da la impresión de que sus fuerzas se agotaron, a raíz de los desacuerdos relativos a la reforma fiscal. Hacer esos movimientos en el área impositiva era uno de los propósitos fundamentales de la agenda oficial.
Pero hay que retomar de nuevo el camino del diálogo. Hay que intercambiar opiniones, hay que buscar acuerdos. El país de hoy, solo puede avanzar con la fuerza conjunta de todos los sectores. No puede haber altanerías de gobernantes, ni tozudez de parte de los opositores.
El presidente Luis Abinader tiene que ejecutar todos los esfuerzos para que el diálogo fructifique ahora, luego será imposible. El mandatario realiza los encuentros y las conversaciones que podrían llevar adelante el diálogo.
Pero lo trascendental son los temas que se traten, y las soluciones que se aporten. Sino un diálogo nacional no pasa de ser un titular ocasional de periódico, que va perdiendo interés entre reuniones. La agenda debe estar bien clara sobre los principales problemas nacionales.
Un diálogo para tratar la reforma constitucional está condenado al fracaso. A unos les interesa la reforma, otros condicionarían su respaldo y otros la van a rechazar. Puede unir a grupos de oposición en contra de la reforma, y la puede tratar de imponer el gobierno a como dé lugar.
Lo impostergable es que los grupos empresariales comprendan que la situación económica nacional necesita una política de creación de pleno empleo. Es atormentadora la cantidad de plazas que se perdieron con la pandemia, y a veces no parecen creíbles los informes de que se repuso en su cargo a todo el que fue cesanteado.-
El desempleo unido a la inflación galopante, coloca al país contra la pared. Ya se ve en algunos supermercados que ponen un precio en la mañana y lo aumentan al atardecer. Parece que nadie tiene la intención para frenar a ese caballo salvaje del agiotismo.
Desde un principio lo señalamos: el diálogo tiene que llevar como primer punto de agenda poner fin al agiotismo y la especulación. Luego la creación de más empleos, y discutir con miras al próximo año un reajuste de salarios.
Ahora hay que llevar como prioridad de ese diálogo que se suspenda la eliminación de los subsidios en el área de la energía. Es un crimen y una torpeza eliminar subsidios para que los usuarios paguen más, por un pésimo servicio y apagones constantes.
No puede triunfar un diálogo mientras persista la inflación, el agiotismo y los aumentos desproporcionados de artículos de primera necesidad. No puede haber diálogo si se elimina el subsidio del sector energético y se cobra más a los usuarios por un servicio que se da a medias. Diálogo para buscar soluciones, no para oratorias.
jpm-am


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