A lo largo de la historia dominicana, y gran parte de la mundial, la Constitución no ha sido más que un papel viejo, letras impresas en un papel, que no tienen ningun tipo de valor y en muy contadas ocasiones se hacen respetar. El doctor Joaquín Balalguer dijo una gran verdad cuando señaló que la Constitución no es más que un pedazo de papel. Un déspota ilustrado que sabía que tenía en sus manos un instrumento sin real valor, que era zarandeado y zaherido de acuerdo con sus apetencias. Cuando hay gobiernos dictatoriales y negadores de la voluntad de un país, la Constitución es material rancio, que sirve para imponer sus caprichos. La Constitución está hecha a imagen e intereses de una clase gobernante determinada. Pero es necesario que exista una Constitución fuerte y que de ella emane la forma civilizada de fijar la conducta humana. Donde no hay instituciones, donde las leyes son códigos de papel sanitario, donde la ley y el orden no existen, entonces la Constitución no puede ser más que un despedicio. No puede estar ningún código por encima de su realidad objetiva, no puede haber una Constitución democrática y progresista, si las instituciones que le sirven de soporte tienen las columnas construídas de mantequilla. En la República Dominicana hay que fortalecer las normas constitucionales, pero no mediante un libro, sino con el fortalecimiento de las instituciones. En pocas ocasiones hemos tenido una Constitución fuerte y con apego civilista. Sólo hay que tomar en cuenta que Trujillo y Balaguer gobernaron 50 años del siglo pasado. A ese tiempo hay que agregar dos intervenciones militares norteamericanas, las revoluciones de las maniguas, donde mandaban los presidentes-generales de zafarranchoy uniformes de jipi-japa y las charreteras de oro, pero sin patriotismo y dignidad. Si analizamos lo que pasó en el siglo XX el sistema constitucional dominicana es una institución fallida. Se dio la Constitución del 63, pero fue fulminada por un golpe de Estado. Con la revolución de abril del 65 no retornó la Constitución por la cual se derramó tanta sangre, sino las instituciones secuestradas en el despacho del doctor Balaguer. La Constitución dominicana parte de una farsa; no fue promulgada e ideada por los civilistas, sino por hateros con el sable ensangrentado en las manos que tenían más apegó a una anexión a España, que en una República Dominicana libre y soberana. Mientras se proclamaba la primera Constitución de la República, LosTrinitarios habían sido declarados traidores a la patria y deportados, y en cuatro meses más sería fusilada María Trinidad Sánchez. Seguiremos luchando por una Constitución que se sustente en instituciones, y no en el poder temporal de los poderosos o la culata del fúsil.
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