La desinformación, llamada también manipulación informativa, entraña en su estructura semántica la idea de engaño y mala intención. Por eso el diccionario académico define el término como “Dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines”
La manipulación informativa siempre ha existido; pero nunca como ahora sus dañinos efectos se habían hecho sentir tanto. Las redes sociales, indiscutiblemente, han contribuido a ensanchar su radio de acción. A través de estas, muy especialmente wasap, corren los más turbios, perniciosos y perturbadores mensajes, como corren las aguas contaminadas y demás inmundicias a través de las redes cloacales.
Por las redes sociales todo se dice. Todo se publica: lo cierto y lo incierto, lo real y lo irreal, lo público y lo privado, lo negativo y positivo, lo que orienta y desorienta, etc. Por esa razón, estar permanentemente conectado a esas redes, en modo alguno significa estar bien informado.
El problema se complica más en nuestro país, por cuanto los dominicanos, en su mayoría, procedemos como si fuéramos expertos o especialistas en todo y, por eso, de todo hablamos u opinamos. En tal virtud, somos capaces de orientar, recomendar y hablar con autoridad acerca de temas que por su naturaleza técnica o científica desconocemos por completo y cuyo tratamiento debería estar reservado exclusivamente a expertos y especialistas.
Es normal entonces que cuando se habla acerca de temas cuyo contenido se ignora, la desinformación, de inmediato, entra en acción; pero esta desinformación, vale aclararlo, no siempre ocurre por ignorancia, sino también por mala intención, esto es, con el deliberado propósito de provocar daños.
Por esa razón, no extraña que mediante un mensaje de voz que rodó por las redes sociales, a alguien se le haya ocurrido decir, el sábado antes de las pasadas elecciones municipales, que en nuestro país había ochocientas personas enfermas de coronavirus. Y lo peor de todo es que tal vez usted o cualquier otro ingenuo receptor reenvió a otros esta y otra basura informativa, sin antes comprobar su autenticidad en fuentes confiables.
Por último, conviene recordar que en tiempos de crisis, pandemias y desastres solo debemos prestar atención y creer en lo que digan los expertos o especialistas en la materia. Si usted no es experto ni especialista, mejor sería que guarde silencio.
Por eso creo que acerca del coronavirus solo los médicos y las autoridades de Salud Pública deben orientar y recomendar lo que debe hacerse en cada caso. Solo en sus palabras debemos confiar.


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