Todos los años los fenómenos atmosféricos que golpean a la Republica Dominicana durante la temporada ciclónica nos desnudan desde los pies hasta la cabeza. La radiografía y la resonancia magnética sobran.
Miles de familias son afectadas por el desbordamiento de ríos, arroyos y cañadas desde el momento mismo que sobre nuestro territorio caen unos pocos centímetros de agua lluvia. Ciudades y pueblos enteros son inundados.
Los organismos de socorro se emplean a fondo y sus miembros voluntarios arriesgan la vida para auxiliar y rescatar a las personas que viven en casas construidas en lugares inadecuados.
En esa tarea muchos de los afectados se muestran renuentes a atender el llamado de las autoridades para que abandonen precozmente las zonas de alto riesgo para evitar pérdidas de vidas humanas.
Ese panorama se presenta cada año cuando las agencias estatales responsables emiten las alertas para que la ciudadanía tome las precauciones de lugar.
La pobreza y la marginalidad engrosan el flujo de migrantes hacia las grandes ciudades y para tratar de sobrevivir buscan espacios en terrenos inestables a la orilla de ríos. Los que deciden quedarse en los pueblos adquieren pequeños predios para malvivir, pero siempre en el área de influencia de estos afluentes.
Los depredadores de la naturaleza y el medio ambiente contribuyen grandemente con la generación de estos desastres que ponen en riesgo la vida de mucha gente. La tala indiscriminada de árboles y la extracción de agregados para ser utilizados en la industria de la construcción son prácticas que han alterado el cauce de los ríos.
En las grandes ciudades y en los pueblos existe una tradicional e irresponsable claque política que promueve y permite asentamientos humanos a orillas de ríos, arroyos y cañadas con el único propósito de agenciarse el favor de los beneficiados.
Funcionarios públicos de diversas jerarquías, legisladores, alcaldes y concejales son promotores de invasiones de tierra y otorgan permisos para que sus acólitos construyan viviendas en zonas no aptas para establecer conglomerados humanos.
Los ayuntamientos no asumen la planeación urbana como una prioridad ni establecen los controles efectivos para regular las construcciones y evitar los vicios en las mismas.
Como se puede observar, la pobreza junto a la irresponsabilidad de politiqueros populistas y clientelistas sirven de base para que la gente que vive en la marginalidad sea vapuleada por los efectos de huracanes y ciclones que año tras año hacen acto de presencia en la República Dominicana.
Y lo pierden todo…hasta la vida.
JPM


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