La tarde del viernes se quiso ir, y yo quise dormir. No más de una hora pasó y oraciones y cánticos cristianos me despertaron.
En la penumbra de mi habitación y en lo indeciso que se tornó el momento, me concentro y trato de entender lo que pasaba fuera, del lado de la calle.
Me paro a una ventana y comienzan a moverse en fila decenas de feligreses y autoridades y directores de diferentes parroquias de Gazcue, Zona Colonial y Ciudad Nueva, quienes marchaban en procesión, de larga cola, con velas encendidas en manos, tratando de impregnar en sus entornos un mensaje de Paz.
Dios está en todas partes, es otra conclusión. También puedo decir que el mensaje cristiano es preventivo cuando toca y penetra en el corazón del antisocial más cercano, que anida en las calles e inactiva su accionar por una oración.
Lamento que este mensaje transformador no sea parte de las portadas y titulares de muchos medios informativos del país.
Ahora hago lo que está a mi alcance. Digo que al parecer vivimos a espaldas de Dios. Encontrarnos con Dios no está en la agenda del día.
Mientras Dios sea el ente regulador de la vida de los seres humanos habrá esperanza de un mundo tranquilo y mejor colaboración.
JPM


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