El pasado sábado, los medios de comunicación del país comenzaron a difundir el anuncio de que este lunes el gobierno dominicano presentaría formalmente su tan esperada propuesta de reforma fiscal. Tras varias advertencias, parece que finalmente se han alineado las condiciones políticas para implementar esta controvertida medida.
Es oportuno recordar que, cuando el presidente Luis Abinader se encontraba en la oposición, su postura fue firme y decidida en contra de cualquier reforma fiscal que implicara un incremento de impuestos. En aquel entonces, defendía que la solución a los problemas fiscales del país no radicaba en gravar más a los ciudadanos, sino en racionalizar el gasto público, haciendo énfasis en la eficiencia y la reducción de gastos innecesarios.
De forma sorprendente, al asumir el poder, el mandatario cambió de rumbo. Optó por incrementar la deuda pública, una estrategia que, en su momento, no parecía del todo negativa si estaba alineada con una política económica orientada a estimular el crecimiento.
La lógica keynesiana, que sostiene que en tiempos de crisis es prudente aumentar el gasto público en inversión, parecía razonable: expandir la infraestructura, generar empleos y, en última instancia, revitalizar una economía estancada. Sin embargo, lo que hemos visto es todo lo contrario.
El gobierno ha emprendido una carrera desenfrenada hacia el endeudamiento, sin una planificación clara que justifique este incremento. En lugar de destinar los recursos a obras que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos o impulsen el desarrollo económico, se ha optado por inflar el gasto corriente y aumentar desproporcionadamente la nómina pública.
Pareciera que la principal preocupación fue asegurar el poder en las elecciones de 2024, utilizando el erario de una manera que dista mucho de ser responsable. Ahora, en una jugada desesperada por corregir el rumbo, el gobierno se prepara para asestar un golpe directo a la clase media dominicana.
El capricho de priorizar fines políticos a corto plazo, sin importar los medios, ha sumido al país en una situación crítica. Para compensar este mal manejo de los recursos públicos, se pretende implementar una reforma fiscal que, lejos de estimular la economía, agravará la carga sobre los ciudadanos.
Aumentos
Esta reforma prevé aumentos de impuestos en alimentos, plataformas digitales, bebidas alcohólicas y otros bienes de consumo, lo que sin duda golpeará con mayor fuerza a quienes ya enfrentan una precaria situación económica.
Es en este contexto que el país se enfrenta a un verdadero dilema. Las decisiones que se tomen en los próximos meses tendrán repercusiones profundas en el bienestar de la población y en el futuro económico de la nación. La clase media, que ha sido tradicionalmente el motor de desarrollo y estabilidad en cualquier economía, no puede seguir siendo la principal víctima de políticas fiscales erráticas y cortoplacistas.
El país necesita, más que nunca, una dirección clara y responsable que ponga el interés de los dominicanos por encima de cualquier ambición personal o política.
Finalmente, expongo estas letras: En la mesa del poder, los números bailan, el pueblo carga lo que otros ignoran. Promesas que ayer fueron himnos, hoy son cadenas que ahogan la esperanza.
jpm-am


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