El informe publicado recientemente por la organización Amnistía Internacional sobre la República Dominicana no puede verse como un simple ejercicio académico de recordación sobre una práctica que ellos entienden es violatoria a los derechos humanos.
Lo publicado y revelado allí habla por sí sólo, es lo que podríamos catalogar de un verdadero irrespeto, un chantaje vulgar, una provocación inaceptable hacia el actual gobierno y nosotros como dominicanos.
Ya basta de tanto insulto, abuso y desconsideración, este país no merece este acoso permanente de parte de una organización internacional que sólo ve el problema de un solo lado con el propósito de fastidiar y provocar más descrédito a esta media isla caribeña.
Lo que se desprende de ese informe, unido a sus advertencias y recomendaciones es infamia, oprobio, agresión, maltrato y abuso inmerecido. Los dominicanos no merecemos eso, repito.
Pero algo más que eso, es un mensaje claro, un discurso definido, una reiteración contundente de que este país definitivamente debe quedarse con los brazos cruzados ante el movimiento irregular, ilegal de inmigrantes extranjeros, especialmente haitianos. Y eso no es verdad.
Amnistía Internacional se equivocó medio a medio cuando afirma, por ejemplo, que en nuestro país hay signos preocupantes de violaciones de derechos humanos en el marco de la política migratoria contra personas haitianas y dominicanas de ascendencia haitiana por agentes de migración, policías y miembros de las fuerzas armadas que asisten a la Dirección General de Migración (DGM) en operativos migratorios.
Pero hay más: cómo es posible que estos peones del veneno y soportes ideológicos de la ignominia se han capaces de pedir de manera enfática que es urgente que las instituciones dominicanas erradiquen el perfilamiento racial, el racismo estructural y la discriminación racial y garanticen el respeto a la dignidad humana e integridad física de personas migrantes haitianas y personas dominicanas de ascendencia haitiana. ¡Que se han creído, hasta donde van llegar por Dios!.
Y finalmente, escuchen esto que expresó la directora para Las Américas de Amnistía Internacional, Ana Piquer: «Es crucial que se establezcan políticas migratorias que garanticen el respeto a la dignidad y los derechos humanos de todas las personas”. No, no, no, no, esto es el colmo de los estimados lectores.
quezada.alberto 218@gmail.com
jpm-am


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