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La posición asumida por el expresidente Leonel Fernández tras la reunión del Comité Político del PLD, donde además de derrotado fue humillado, es un retrato fiel de aquella expresión de que el silencio es más elocuente que las palabras.
Antiguos funcionarios suyos hicieron causa común con su nuevo jefe e intentaron darle un tiro de gracia. Presagiaron que este sería el final pero los hechos posteriores han demostrado que cometieron un error muy grave de apreciación. Desde entonces Danilo Medina ha comenzado a escuchar voces adversas como nunca antes en sus casi de tres años de gestión gubernamental.
En la práctica Leonel ha dejado de estar en un fuego cruzado y siente como incluso de aceras de enfrente hay coincidencia con sus planteamientos en contra de la reforma constitucional para pretender alargar el actual gobierno. Hoy la reelección tiene más rechazo que previo a la reunión del Comité Político.
Hay consenso de que algo tan delicado para vida democrática nacional no lo decidan unas cuantas personas de un mismo partido para beneficio de un hombre de esa misma organización para la cual muchos trabajan como funcionarios. Reformar la Constitución necesita la participación de todos los dominicanos.
No se trata de modificar los estatutos de un partido político sino de la Carta Fundamental de una nación. Sería un precedente funesto. Cualquier presidente futuro, de esa u otra organización política, que coyunturalmente domine sus estructuras partidarias podrían hacer algo similar.
A estas conclusiones se han sumado muchos, pese al silencio de Leonel Fernández que, aún defendiendo estos postulados, ha dejando que las cosas fluyan libremente sin su directa intervención.
El PLD hoy tiene definida dos claras opciones.
Una representada por el presidente Danilo Medina y varios precandidatos sin accionar propio, pues supeditaron sus aspiraciones a las del jefe de Estado, y la del doctor Leonel Fernández que experimenta un resucitar fruto de los errores de los primeros que intentaron aplastarlo a él para despejar el camino con el objetivo de pisotear la Constitución de la República.
La primera opción tiene un serio inconveniente ya que todo parecía indicar que el presidente Medina construía un retorno confiable para los comicios del 2020 y este tropiezo comienza a poner en dudas que pueda volver en el futuro pues su imagen, ya desmitificada, ha salido severamente afectada y este tsunami no parece que se va a detener.
Ha propiciado Danilo Medina, con su desacertado accionar, que por primera vez en mucho tiempo la oposición política sea vista con posibilidades reales de desplazar del poder al PLD en los próximos comicios, sin importar quién sea el candidato que presenten.
Además el primer mandatario ha visto como se fortalece la oposición interna ya que Leonel Fernández, tras ser derrotado y humillado en la pasada reunión del Comité Político, con el pretendido tiro de gracias que le dieron exfuncionarios suyos, hoy subalternos de Danilo Medina, con su elocuente silencio, resurge como un Ave de Fénix entre muchos que lo habían abandonado.
La moraleja de todo esto parece sustentarse en otra frase popular: la ambición rompe el saco.


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