Es un imperativo reconocer que durante más de cuatro décadas el movimiento cultural dominicano ha estado divulgando la idea de la necesidad de proteger los valores de nuestra identidad.
Por eso es una conquista haber logrado que la constitución actual proclame en el numeral 3 del artículo 64 que: “El Estado reconocerá el valor de la identidad cultural, individual y colectiva, su importancia para el desarrollo integral y sostenible, el crecimiento económico, la innovación y el bienestar humano, mediante el apoyo y difusión de la investigación científica y la producción cultural”.
El postulado anterior es un compromiso para que nosotros continuemos la lucha para que esta norma de la Carta Magna no sea “letra muerta”, y para que la cultura y los eventos como el Festival de Atabales de Sainaguá, dejen de ser renglones olvidados de los recursos del Estado que deben estar presupuestados sin excusas para estas actividades.
En ese contexto, durante tres días desde el viernes 26 hasta el domingo 28 de noviembre, más de treinta grupos de ritmos de palos, salves y otros géneros, se congregan en la comunidad de Sainaguá, situada a tres kilómetros al sur del municipio de San Cristóbal, en el tradicional Festival de Atabales, un evento realizado por la fundación Sol Naciente desde el año 1975, por sugerencia del sociólogo Dagoberto Tejeda, connotado investigador de nuestra cultura.
Entre los grupos participantes se destacan: Los Guloyas de San Pedro de Macorís y Los Congos de Villa Mella, ambos declarados por la UNESCO, patrimonio cultural de la humanidad. Esta 30 versión ha sido posible por el esfuerzo activo de los dirigentes de la fundación Sol Naciente, encabezada por su presidente Nelson Rivera Portes, y con la colaboración técnica de la fundación Cofradía, iderada por el reconocido cantautor Roldán Mármol; el festival cuenta además, con la asesoría del sociólogo Nelson Medina –Milito-, experimentado dirigente cultural.
En una nota de la entidad anfitriona se lee lo siguiente: “Nos regocija grandemente el dedicarle este festival, a una artista que con su tesonero empeño y con su canto de pueblo, ha recorrido vestida de folklore, los senderos de su patria, convirtiéndose en un orgullo de dominicanidad.
Este reconocimiento es para nosotros trascendente y de especial motivación, porque ella con su arte constituye para la nación, un patrimonio y una gran fortuna: Xiomara Fortuna, la máxima exponente de nuestras raíces africanas, la negra de ojos de maracas, sonrisa de güira, piel sonora cual pandero y cabello de huracán furioso como repique de palos”.
Es evidente que los pueblos, como las personas, tienen igualmente identidad, un conjunto de expresiones culturales y artísticas manifestadas y expresadas en: la música, danza, pintura, artesanía y en todo el quehacer creativo. La identidad conforma una especie de imagen fotográfica de lo que constituimos como pueblo.
República Dominicana tiene en los atabales el más elevado patrimonio sonoro viviente de la Era Colonial. El valor de este legado musical mantenido durante cinco siglos por centenares de generaciones es verdaderamente inmenso.
JPM


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