Muchos de los que se hacen llamar como tal ( políticos) más bien son agentes a los que más que todo les interesa más el poder que llevar solución a los graves problemas que por décadas enfrentamos como sociedad.
En la actualidad observamos una clase política cuyo interés primario es la retención del poder, mientras que para la otra, es decir la gran mayoría, la meta es llegar para colocarse en las privilegiadas posiciones y de paso disfrutar de los infinitos beneficios que da la palabra mágica: poder.
Sin embargo, no vemos por ninguna parte que esos que se hacen llamar políticos tengan en sus archivos o carpeta, agenda o planes, algunas propuestas de desarrollo que bien se le podrían presentar al pueblo. No las vemos.
Es verdaderamente humillante y preocupante lo que observamos en el ambiente en donde puede mas la práctica clientelar que sustentan las grandes mayorías de nuestros políticos, que algunas que otras ideas que los muy pocos les puedan presentar a la sociedad.
Vivimos el presente espacio de tiempo apegados a los altisonantes discursos vacíos, que amparados muchos en una plataforma pletórica de dinero, pero carentes de propuestas, conducen a la población a la inercia social que es lo mismo que el atraso institucional.
Para llamarse político se debe conocer la esencia misma de la palabra y luego poner en prácticas aquellas nociones básicas que vendrían siendo la fuente de sustentación con propuestas de desarrollo para ese sector de la sociedad que silente espera que algunos puedad marcar la diferencia y de paso se case con la gloria.
Es preocupante el asunto, muy preocupante. No hay propuestas.
Nuestros llamados politicos no están haciéndole culto a la profesión que dicen ejercer, pues muchos, ( no todos), la han prostituido de una manera tal, que han obligado a quienes realmente sí tienen deseos de servir, a replegarse, no vaya a ser cosa que las pasiones que se observan dentro del bajo mundo de la politiquería los arrastre hacia insospechados escenarios que solo presentan la parte más fea de un triste espectáculo en donde los espectadores son los tontos que se dejan arrastrar por las mezquindades y las practicas basadas en el clientelismo y la traición.
No hay propuestas, no hay discursos desarrollistas, más bién hay un terrible vacío colectivo en donde poco a poco la sociedad misma se sumerge en una especie de un triste ritual que a ritmo de una engañosa melodía les tocan quienes con sus encantadas magias nos mantienen en el sonambulismo y la mentira.


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