Los predelfines entrarán al salón y se sentarán en área privilegiada. Se mantendrán sobrios y atentos en espera del inicio del ritual. Aunque por cortesía se les ha llamado delfines, en plural, solo uno ostentará esa honrosa distinción. El Supremo cederá generosamente el mando y el sucesor, el delfín, será como su primogénito.
El maestro del coro exhorta a los predelfines a ponerse de pie y juntar sus manos a la altura del pecho. Luego anuncia que hace su entrada, en cuerpo y alma, el Supremo. La audiencia aplaude y los predelfines simulan estar orando. El Supremo ocupa su trono en la mesa de honor y esboza lo que parece una sonrisa.
Los predelfines irán a la mesa y cada uno ocupará la silla que se le indique. Se desata un murmullo al ver la concurrencia y los propios predelfines quién ha quedado a la derecha del Supremo. El maestro del coro, con pretendida energía y visible inflexión femenina, ordena silencio y recuerda la sacra presencia del Supremo.
El cuchicheo termina de golpe porque el Supremo ha hablado. En tono bajo, pero perceptible, preguntó por qué no han llegado Reinaldo ni Carlos. El maestro del coro agregó una silla en cada extremo de la mesa, un ayudante se ofreció para localizar a los ausentes y otro sacó su teléfono móvil para llamarlos, pero el Supremo lo desestimó.
El maestro del coro retiró las sillas que había colocado. Y sugirió a los predelfines ubicarse delante de la mesa frente al Supremo, para “dar formal inicio” al ritual de unción del delfín, la persona que encarnará la viva representación del Supremo y actuará en su nombre y representación, aunque nadie será como él.
Cabizbajos, frente al Supremo, escuchan la primera pregunta del ritual: ¿Renuncian a Leofer? El maestro del coro susurra:“Digan renuncio”. Ellos responden: Renuncio. ¿Renuncian a todas sus fantasías y seducciones? Digan “Renuncio”, indica el maestro del coro. Todos responden: Renuncio. El Supremo ha olvidado la siguiente pregunta.
El maestro del coro le habla al oído y le muestra un papel. Prosigue: ¿Saben lo que significa sangre vieja? ¡Leofer!, responden. ¿Quién representa la sangre nueva?, pregunta el Supremo. El maestro del corro sugiere responder: “¡Nosotros!”. Pero cada cual responde: ¡Yo! Esto no agradó al Supremo, se notó en su rostro.
El Supremo inició otra pregunta y antes de que terminara, todos menos uno, respondieron: ¡Renuncio! Entonces habló el Supremo y dijo: En vista de tantas renuncias, no queda otra opción que Gonzalo. Puso sus manos sobre la cabeza del delfín y estalló un intenso aplauso. Los otros entonaron un cántico: “Bendito sea el Supremo que nos lo ha dado todo”.


Trump elige a Susie Wiles como jefa del gabinete en Casa Blanca
Abinader entrega muelles en Río San Juan y Cabrera para la pesca
Primer Ministro Haití seguirá en Puerto Rico, su futuro es incierto
Asonahores dice turismo aporta el 15.9 % del PIB dominicano
Gobierno anuncia Simulacro Nacional Evacuación Terremoto
EEUU aplaude decisión de Perú de romper relaciones con Irán
Dominicana y Haití condicionan reapertura de sede diplomática
Trump asegura que EE.UU tiene municiones ilimitadas para Irán
Dominicano Juan Soto conecta cuadrangular 23 beisbol de GL
EEUU sanciona a un nieto del expresidente Raúl Castro
EEUU: Trump tacha a España como un «país arruinado»
China insta Unión Europea que cese sus amenazas unilaterales
IRAN: Guardia Revolucionaria promete respuesta ataque EEUU


