El espectáculo fue deprimente, bochornoso, asqueante, pestilente… En plena sala de la Cámara de Diputados, lo escenificaron públicamente dos legisladores, uno del Partido Reformista Social Cristiano y otro del PLD. El primero, mientras el segundo hablaba, imprudentemente lo interrumpía y lo llamaba loco. El segundo le respondía llamándolo «ladrón»
El caos se enseñoreó y la maga solemnidad que debe imperar en dicho ambiente se sepultó. El barrio emergió con toda su energía. El alma del suburbio pareció bailar al son de cada palabra emitida. De aquel par de pueblerinas y seudolegislativas bocas emanaban los más cloacales insultos, los más letrinescos improperios. Como feroces jumentos y briosos alazanes de la pradera, más que hablar, aquellas bestias parlamentarias parecían morderse. Al escucharlos, recordé a nuestro siempre citado Juan Antonio Alix:
-Dime, querido Vidal,
tú que eres medio letrado,
para ser buen diputado,
a un Congreso Nacional
¿debe ser hombre leal,
de inteligencia y decoro?
No sea penguinche, Teodoro,
que para un congreso ir,
no hay más que saber decir,
corroboro, corroboro.
Si es así, amigo Vidal,
yo tengo un loro educado,
que sería buen diputado,
a un Congreso Nacional,
pues él aunque es animal,
no se venderá por oro,
y sabe tanto mi loro,
que si uno habla por allá,
él contesta por acá,
corroboro. Corroboro.
-Pues Vidal, a mi entender,
creí que los diputados,
eran patriotas y honrados,
y de bastante saber,
que el pueblo sabía escoger,
hombres serios como un toro,
y nunca elegir un moro
para que sea mal cristiano,
¿no es así, querido hermano…?
Y no solo afloraron a mi mente la imagen y las palabras del brillante decimero. Ante las inconductas de los diputados que nos ocupan, sentí pena, primero por mi país, al que por ley dicho legisladores están llamados a representar. Y segundo, sentí pena por los «pendejos» que cada cuatro años desafían el frío cortante de la madrugada o el candente sol del mediodía para cual «conejillos de indias» penetrar a un centro de votación a depositar el «voto redentor» en beneficio del «pelafustán» que aparece en la boleta.
Por último, cuando presencié el enfrentamiento verbal entre los diputados Manuel Díaz (PRSC) y Pedro Botello (PLD), evoqué también las palabras del médico y narrador Francisco Moscoso Puello, en su obra “Cartas a Evelina” (1913):
«Señora: El legislador dominicano es un tipo curioso, alto o bajo de estatura; blanco, indio o moreno de color; delgado o grueso; feo o buen mozo; que estos son los caracteres variables o comunes; su aspecto no es del todo desagradable y hasta parece un hombre civilizado…»


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