WASHINGTON.- Empresas de Estados Unidos están haciendo historia este año en Cuba con los primeros cruceros, vuelos y hoteles en la isla, en medio de una relación comercial incipiente sobre la que pesan aún las restricciones económicas de Washington y la realidad política de la isla.
«El embargo no se ha acabado, mucha gente hace una interpretación equivocada. Hasta ahora lo que existe es unos tipos muy específicos de negocios, en unas áreas también muy específicas», dijo Jennifer Díaz, abogada experta en leyes internacionales.
No obstante, se trata de una puerta que han aprovechado este año empresas como Carnival, que tuvo su primer crucero de EE. UU. a la isla el pasado 1 de mayo tras cincuenta años de enemistad entre ambos países, y Jetblue, que tiene previsto el primer vuelo comercial a Cuba el próximo 31 de agosto.
De igual forma, el sector hotelero de EE. UU. comenzó su presencia en la isla con el hotel Four Points, que inauguró en La Habana la cadena Starwood en junio pasado, y también con la plataforma de alojamiento de vivienda privada Airbnb, que ofrece desde abril al menos 4.000 residencias en Cuba.
La abogada Díaz aconsejó a aquellos que quieran hacer negocios con la isla ir con «los ojos abiertos porque es un nuevo territorio», en donde hay pendiente por resolver «muchos asuntos», entre ellos las formas de pago.
El economista Jorge Salazar-Carrillo explicó a Efe que de esta especie de apertura es poco lo que cree le quede a Cuba, al citar como ejemplo que «el 80 % de lo que los turistas consumen en la isla es importado».
Salazar-Carrillo, profesor de Economía de la Universidad Internacional de Florida (FIU), dijo además que es difícil superar los 6.600 millones anuales que él calcula envían anualmente los cubanos en remesas, ya sea en «efectivo, medicinas, alimentos y cemento, entre otros».
No obstante, para el presidente del Movimiento Democracia, Ramón Saúl Sánchez, resulta «positivo» todo aquello que estreche los lazos entre los cubanos en ambas naciones, ya sean cruceros, vuelos, remesas o comunicaciones.
Pero advirtió que así como el exilio cubano en Miami logró que Carnival exigiera al Gobierno de Cuba un trato igualitario tanto para sus nacionales como a los otros viajeros de estos cruceros a la isla, lo mismo espera de las otras compañías estadounidenses.
En particular, los grupos del exilio en Miami, entre ellos, la Asamblea de la Resistencia Cubana, rechazan que los cubanos que trabajan para estos hoteles y aerolíneas de EE. UU., entre otras empresas, reciban sus salarios con intermediación del Gobierno cubano, lo cual, dicen, se presta para «su explotación».
«Las líneas aéreas deben reclamar al Gobierno de Cuba no pagarle a él por el salario del obrero en Cuba, que después recibe de éste sólo una migaja», lamentó Sánchez.
Enfatizó, sin embargo, que es partidario de cualquier relajamiento del embargo económico que históricamente EE. UU. mantiene sobre Cuba que esté encaminado a unir a los dos pueblos y que ayude al desarrollo de la isla.


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