Liderazgo y dirección del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) tienen el imperativo reto de liberar a esa organización del clientelismo y transfuguismo, que afecta expandida metástasis a la partidocracia nacional, agobiada por el desbordamiento de otros vicios como grupismo, arribismo y oportunismo.
La Ley de Partidos, cuyo contenido y alcance se discute dentro y entre organizaciones políticas y de la mentada sociedad civil, podría ser el instrumento idóneo para contener la expansión de los mercados de pulgas en los ámbitos partidarios.
Ese estatuto instituirías las Primarias o elecciones simultáneas para la escoger los candidatos a puestos electivos en todos los partidos, lo que también podría fijarse en fechas sucesivas, pero con reglas de juego que impediría que un dirigente se transfiera de un mercado a otro, sin ningún régimen de consecuencia.
En el proceso electoral pasado, miles de miembros del PLD brincaron la cerca hacia otros partidos, después que quedaron fuera de la boleta morada, como también, otros de la oposición llegaron por las mismas razones.
Hubo un memento que el mercado de “agáchate- boutique” tuvo tal “sobreoferta” que los precios de apátridas políticos se desplomaron hasta llegar al “dos por uno”, algo así como que en ningún partido disponían de camas para albergar tanta gente.
El PLD es el partido oficial, cuyos líderes y dirigentes tienen a su cargo en la conducción del Gobierno y del Estado, por mandato de la voluntad popular, por lo que están compelidos a exhibir una conducta acorde con tal elevada responsabilidad.
El nuevo gobierno que se inaugura el martes es del PLD y el partido es del gobierno, por lo cual debería producirse una efectiva correspondencia entre ambos litorales en el diseño y aplicación de políticas públicas, que a su vez están sustentadas en un programa de gobierno prometido a la población y en una Estrategia Nacional de Desarrollo.
En estos cuatro años, al PLD le corresponde bañarse con cloro para liberarse de clientelismo, grupismo, oportunismo, excesiva burocracia, lo que le permitirá unificar con el gobierno la ejecución de políticas y proyectos que redunden en beneficio del pueblo y de la economía.
El próximo paso en el PLD debería ser ejecutar todos los acuerdos del Octavo Congreso Norge Botello, propiciar una férrea unidad interna y con el Gobierno, disponer de educación política obligatoria para todos sus miembros y olvidarse de los privilegios y castigar con la expulsión a cualquiera que incurra en prevaricación o peculado.


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