Desde la fundación de la República Dominicana en el 1844 ha habido una lucha entre los sectores democráticos-liberales y los conservadores-autoritarios por el control del estado y del gobierno. En esa lucha los sectores conservadores-autoritarios tomaron la delantera y crearon estructuras de dominación desde el inicio de la República.
Es así como se explica que los regímenes conservadores y autoritarios de Pedro Santana, Buenaventura Báez, Ulises Heureaux, entre otros, perduraron mucho tiempo en el poder; mientras que gobiernos de corte democráticos-liberales, como Ulises Francisco Espaillat y Juan Bosch, apenas duraron meses en el poder.
La grandeza de los sectores democráticos-liberales ha sido nunca rendirse ante los regímenes conservadores-autoritarios aun a costo de arriesgar y perder sus vidas. Una vez más la perseverancia se convierte en el elemento más importante para lograr los objetivos buscados.
La última dictadura militar que padeció la República Dominicana fue la de Rafael Leónidas Trujillo Molina y su caída abrió nuevamente el camino a la democracia y las libertades públicas aunque fuera de manera efímera. Los años siguientes fueron de transición hacia la democracia mediante una “democradura” encabezada por el Dr. Joaquín Balaguer.
La ausencia de una burguesía capaz de establecer las reglas del juego para la democracia fue lo que permitió anteriormente el surgimiento de dictaduras personalizadas; y más adelante cuando ya las dictaduras eran insostenibles entonces surgieron los partidos políticos como sostén de la democracia.
Hoy en día en la República Dominicana existe una democracia imperfecta que descansa en los partidos políticos y por tal razón podemos afirmar que vivimos bajo una partidocracia transitoria. Los partidos políticos controlan el gobierno y el estado y se resisten a ceder espacio a otras fuerzas fácticas de la sociedad.
Una democracia auténtica descansa en la ley y las instituciones mientras que una “democradura” descansa en poderes fácticos y autoritarios, aliados con sectores políticos partidistas. En la “Partidocracia” los partidos se reparten el poder para imponerse a los poderes fácticos.
El aspecto confuso del escenario político dominicano se debe precisamente a que sectores fácticos que tuvieron mucho poder durante mucho tiempo se sienten desplazados por los partidos políticos y arremeten contra estos, especialmente contra el que está en el poder.
El PLD es el partido político dominante en la República Dominicana y comparte el poder con el PRD, el PRSC, el PRM y otros grupos políticos minoritarios del país. Esa Partidocracia perdurará por muchos años más debido a que los grupos de poder económico no poseen líderes capaces de desplazar a los líderes de los partidos políticos por medios democráticos. Los golpes de estado son del pasado.


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