POR YANET GIRON
Las infecciones de transmisión sexual (ITS) atraviesan un preocupante repunte que merece la atención de toda la sociedad. Lo que antes parecía un problema limitado a determinados grupos hoy se ha convertido en una realidad transversal que afecta a personas de distintas edades, condiciones sociales y niveles educativos. La falta de conciencia continúa siendo uno de los mayores obstáculos para enfrentar esta situación.
Entre las enfermedades más frecuentes se encuentran la sífilis, la gonorrea, el virus del papiloma humano (VPH), el VIH (sida).
Muchas de ellas pueden desarrollarse sin síntomas evidentes durante largos períodos, facilitando su propagación. Esta característica las convierte en una amenaza silenciosa que avanza mientras numerosos portadores desconocen su condición.
Con frecuencia se señala a los jóvenes como los principales afectados, y ciertamente las estadísticas muestran una alta incidencia en este grupo. Sin embargo, sería un error reducir el problema únicamente a la juventud. Cada vez más adultos mantienen conductas de riesgo, abandonan las medidas de protección y asumen que la experiencia o la edad los mantienen fuera de peligro.
La realidad demuestra que vivimos en una época donde la inmediatez y la búsqueda de satisfacción personal han desplazado, en muchos casos, la reflexión sobre las consecuencias. Relaciones ocasionales sin protección, múltiples parejas sexuales y la ausencia de chequeos médicos periódicos han contribuido al aumento de infecciones que pudieron haberse evitado con decisiones más responsables.
Las consecuencias van mucho más allá de una simple condición médica. Algunas ITS pueden provocar infertilidad, complicaciones durante el embarazo, diversos tipos de cáncer, daños en órganos vitales y afectaciones emocionales significativas. Además, representan una carga económica para los sistemas sanitarios y afectan el bienestar de familias completas.
Otro factor preocupante es la persistencia de tabúes alrededor de la educación sexual. Hablar de prevención sigue siendo incómodo en muchos hogares y espacios educativos, lo que favorece la desinformación. Cuando la sociedad evita conversar sobre estos temas, deja el terreno libre para los mitos, las falsas creencias y las conductas que ponen en riesgo la salud colectiva.
Las infecciones de transmisión sexual no distinguen edad, profesión ni condición económica. La prevención (hay incluso vacunas disponibles para el virus de papiloma (VPH), la educación y la responsabilidad individual continúan siendo las herramientas más eficaces para combatirlas. Ignorar esta realidad solo permitirá que el problema siga creciendo. La salud sexual debe asumirse como un compromiso personal, pero también como una responsabilidad social compartida.
of-am


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