El levantamiento y la formación de ampollas en la pintura de elementos de hormigón visto en varios pasos a desnivel del Gran Santo Domingo, es una penosa imagen del trabajo descuidado de nuestra ingeniería, pues no constituye un simple problema estético.
Es, en realidad, una manifestación visible de deficiencias técnicas en el tratamiento y protección de superficies, que merece ser calificada con mayor rigor.
El tema ha cobrado mayor atención a raíz de intervenciones recientes en infraestructuras de alto perfil, como la línea del Metro de Santo Domingo hacia Los Alcarrizos, donde ha sido necesario aplicar pintura sobre elementos originalmente concebidos como hormigón visto.
En estructuras ubicadas en corredores clave como la Avenida 27 de Febrero y la Avenida John F. Kennedy, se observa con frecuencia cómo la pintura aplicada sobre el hormigón presenta ampollas, desprendimiento y pérdida de adherencia en plazos relativamente cortos.
Lo que se observa en esas infraestructuras no es otra cosa que una patología constructiva asociada a malas prácticas de ejecución o especificación técnica insuficiente.
Más preocupante aún es el hecho de que ese deterioro sugiere no solo fallas puntuales, sino claras debilidades en los procesos de supervisión, control de calidad y recepción de obras.

En una ciudad como Santo Domingo, donde los pasos a desnivel constituyen piezas clave de la movilidad urbana, este tipo de fallas transmite un mensaje equivocado de que los acabados y la durabilidad pueden ser tratados como aspectos secundarios.
Conforme a la experiencia internacional, un sistema de protección superficial bien ejecutado no solo mejora la estética, sino que prolonga la vida útil del hormigón, reduce costos de mantenimiento y protege la inversión pública.
Hablando con franqueza, lo que se observa en esas obras viales debe calificarse sin ambigüedades como un problema técnico evitable, derivado de prácticas inadecuadas, que requiere corrección inmediata y revisión de los estándares aplicados.
En infraestructura pública, los errores técnicos no solo se ven, sino que se pagan caro y se pagan varias veces.
Para tener una ciudad que proyecte calidad y criterio, es momento de entender que no se trata de pintar más, sino de pintar mejor.
Si algo debe dejarnos como lección el caso de las intervenciones recientes en obras emblemáticas, es que el hormigón visto no se corrige con pintura.
La ciudad no solo necesita más infraestructuras. Necesita infraestructuras bien hechas y duraderas.
jpm-am


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