Por DANIEL TORIBIO
Un contador que solo registra datos vale menos que uno capaz de analizarlos y sacar conclusiones útiles. Esa diferencia resume uno de los cambios más profundos que empieza a vivir el mercado laboral dominicano.
La inteligencia artificial comienza a sentirse en la estructura productiva de la República Dominicana. No se expresa como una pérdida visible de empleos, sino como un cambio silencioso en lo que las empresas buscan al contratar.
En sectores donde predominan tareas repetitivas -servicios empresariales, atención al cliente y procesamiento de datos- cada vez más funciones están siendo automatizadas. Las estadísticas no lo reflejan del todo. Las decisiones de contratación, sí. La inteligencia artificial dejó de ser un tema tecnológico. Hoy es un factor económico. Y está abriendo una nueva brecha laboral que el país no enfrenta con urgencia. No se trata de discutir sobre máquinas o programas. Se trata de productividad, salarios, adaptación, competitividad y capacidad para sostener empleos de mayor valor.
Jensen Huang, CEO de Nvidia, lo dijo: no perderás tu empleo por la inteligencia artificial, sino frente a alguien que sepa usarla mejor. La competencia cambió. No es solo entre personas. Es también entre quienes trabajan solos y quienes trabajan apoyados por tecnología.
Sam Altman, CEO de OpenAI, ha insistido en una idea similar: la inteligencia artificial transformará el trabajo más de lo que lo destruirá. Ese cambio obliga a revisar cómo se forma, se contrata y se valora a los trabajadores. Lo que desaparece no es el empleo, sino la parte rutinaria de muchas ocupaciones. Lo que permanece y gana valor exige criterio, supervisión y capacidad de decisión.
Ya no basta con ejecutar tareas. Ahora pesan más la interpretación, el análisis y la capacidad de resolver lo que una máquina no puede decidir.
Goldman Sachs estima que 300 millones de empleos están expuestos a automatización. No es una sentencia de desaparición masiva. Es una señal de transformación profunda.El mercado empieza a premiar menos la ejecución mecánica y más la capacidad de análisis. Esa lógica se siente en derecho, medicina, comercio, finanzas, administración y otras actividades intensivas en información.
El problema es que el país no avanza al ritmo que exige esta transición. Más de la mitad del empleo sigue siendo informal, lo que dificulta la capacitación continua. A eso se suma un sistema educativo que aún no integra con suficiente profundidad las habilidades digitales aplicadas.
La inteligencia artificial no está acabando con el trabajo. Está separando a quienes se preparan a tiempo de quienes llegarán tarde al nuevo mercado laboral. El reto no es solo laboral. Es político. Y la clase dirigencial dominicana tendrá que decidir si va a conducir esta transición o volverá a reaccionar cuando el daño ya esté hecho.
sp-am


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