No hay forma de concitar la atención del gobierno, liderazgo político y empresarial en torno al peligro que representa para para la economía y la gobernanza dominicana el difícil entorno de incertidumbre que hoy embarga a América Latina y al Caribe con la política del garrote que ejecuta el presidente Donald Trump.
Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no había desplegado en forma simultánea tanto poder aéreo y terrestre como lo ha hecho en el Caribe, en preámbulo a la operación de captura del presidente Nicolás Maduro, y en Oriente Medio, en preparación para una posible ofensiva militar en Irán.
Trump emitió el jueves una orden ejecutiva que dispone un incremento de aranceles a países que proporcionen petróleo a Cuba, cuyas autoridades han dicho que solo disponen de crudo para 15 días, en una crisis energética y económica sin precedentes.

Para cerrar el cerco sobre el gobierno cubano e intentar su caída este mismo año, Trump declaró un estado de emergencia nacional bajo el argumento de que Cuba “constituye una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. Demás está decir que esa isla está detrás de La Hispaniola.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, reclamó de Trump que respete la soberanía de esa nación, ante rumores de que Washington estaría interesado en anexarse la provincia canadiense de Alberta, rica en petróleo y gas, y la presidenta de México, Claudia Sheinmaun, anda con la sabana al canto ante las presiones que ejerce el inquilino de la Casa Blanca.
Los presidentes de Brasil, Inacio Lula, y de Colombia, Gustavo Petro, aunque respondones, viven de sobresalto en sobresalto, ante los bombardeos verbales de Trump y sus amenazas de incrementar aún más los aranceles, lo que también indujo a siete gobernantes a convocar en Panamá un encuentro tipo Davos para promover cooperación y desarrollo o al menos, sobrevivir.
Sin mencionar los encontronazos de Washington con Europa por el tema de Groenlandia, el corre-corre en Oriente Medio por el despliegue militar próximo a Irán o el recrudecimiento de la guerra entre Rusia y Ucrania, hay razones de sobra para albergar aquí un caudal de preocupación por lo que ocurre en el vecindario.
Es un error creer que el gobierno dominicano será por siempre un sirviente con privilegio, porque alguna vez el mandante exigirá un servicio imposible de cumplir o porque las rodillas del súbdito se gangrenen de tanto rozar el suelo. Lo aconsejable sería que gobierno, liderazgo político y empresarial halen la cuerda en una misma dirección.
jpm-am


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